12 DE JUNIO: DÍA INTERNACIONAL CONTRA EL TRABAJO INFANTIL.
CSI-CSIF quiere aprovechar la oportunidad del establecimiento del 12 de junio como el Día Internacional contra el Trabajo Infantil para recordar que lejos de mejorar la situación de la explotación de los niños del Tercer Mundo, desgraciadamente la situación es la contraria, es decir, el número de niños explotados laboralmente está creciendo en estos países.
Según las organizaciones no gubernamentales la región de Asia y el Pacífico tiene el nivel más alto de niños trabajadores del mundo. Alrededor de 122 millones de niños entre 5 y 14 años son obreros infantiles y desempeñan trabajos peligrosos.
En el sur de Asia trabajan más de 100 millones de niños de los que un 20% trabajan jornadas de 13 horas diarias. En Latinoamérica las ganancias de estos niños suponen de un 10% a un 20% de los ingresos familiares. El reclutamiento obligatorio de los niños para conflictos bélicos también sigue creciendo.
Más del 70% de la mano de obra infantil trabaja en la agricultura y produce los alimentos y las fibras que utilizamos.
CSI-CSIF se une a otras organizaciones que denuncian que los niños trabajan en condiciones de pobreza y peligro, son explotados privados de su niñez y de una educación adecuada mediante la cual se puedan realizar como personas y conocer sus derechos negándoles entre otros, el derecho a tener un futuro digno. Las condiciones de riesgo en las que trabajan les dejan secuelas de traumatismos físicos y mentales llegando a provocar incluso su muerte.
CSI-CSIF insiste en que someter a los niños en situaciones laborales de peligro que dañan su crecimiento físico y mental, negándoles el derecho a recibir una educación que les permita un desarrollo personal y profesional pleno, es un atentado gravísimo contra los derechos humanos. Sin una educación se les condena a la más absoluta ignorancia en cuanto a sus derechos, se les impide tener un futuro profesional más allá del presente y sobre todo se les niega disfrutar de una infancia tranquila y saludable.
Disminuir la explotación infantil es todo un desafío debido a la cantidad de factores que influyen: los ingresos limitados de las familias, la ausencia de escuelas, la falta de reglamentación, y cuestiones culturales entre otros. A menos que se haga un esfuerzo conjunto para poner en práctica medidas y ayudas destinadas a los países más sacudidos por la explotación infantil, que realmente sean de utilidad y sirvan para hacer que esos niños cambien las minas, el campo y las trincheras por las escuelas, seguiremos asistiendo al crecimiento de una de las realidades más crueles de la era moderna.
Madrid, 5 de junio de 2008.
SECTOR NACIONAL DE ENSEÑANZA
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