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EL INFORME PISA 06 CONFIRMA LA IDEA DE QUE LA EDUCACIÓN ESPAÑOLA NECESITA UNA ATENCIÓN PRIORITARIA DE LOS PODERES PÚBLICOS.

Los resultados del Informe Pisa 06 no han defraudado las expectativas que siempre despiertan en la comunidad educativa española los informes internacionales sobre educación. Después del bochornoso espectáculo de la semana pasada con la filtración producida en España, vemos que los datos confirman un estancamiento de la evolución de los resultados de nuestro sistema educativo.

Concretamente en el área de ciencias obtenemos prácticamente los mismos niveles que en el correspondiente informe del 2003: 488 puntos frente a 487, es decir, la situación española es de estancamiento frente a una posición dinámica de otros países de nuestro entorno, como Alemania y Austria, que han hecho bien los deberes y se han tomado en serio el diagnóstico. Algunos otros países europeos, y no debe constituir ningún consuelo para nosotros, obtienen unos mediocres resultados como Francia que baja 8 puestos o Italia que lo hace en 3. Deberíamos fijarnos mejor en los que se han tomado en serio el diagnostico del 2003 y han mejorado notablemente, como Alemania que escala 8 puestos y Austria que lo hace con nueve.

Por otro lado, los resultados autonómicos evidencian la escasa atención que dedican a la educación muchas de ellas, y especialmente las que están en la escala alta de la renta. El hecho mismo que algunas autonomías no participaran con mayor muestra en el Informe resume la mala conciencia que tienen pues, o tienen miedo de lo que vaya a salir, o saben que sus niveles son bajos y prefieren meter la cabeza debajo del ala para no enterarse.

CSI-CSIF piensa que deberíamos fijarnos en los países que han hecho del sistema educativo el centro de los intereses de sus sociedades y avanzan de forma imparable hacia la excelencia: es el caso de Finlandia, Dinamarca, Alemania o Nueva Zelanda. Fijémonos en el primero de todos. En el 2003 sacó las mejores notas y en el 2006 ha vuelto a revalidar el primer puesto, aumentando la diferencia y demostrando que, cuando se hacen bien las cosas, no sólo se obtienen buenos rendimientos, sino que se mejora lo excelente.

Entonces nos preguntamos ¿qué hacen bien los finlandeses y no hacemos otros para que se den semejantes diferencias?. Pues bien, la respuesta no es ningún secreto que no pueda explicarse. En Finlandia hacen las cosas con sentido común y con el objetivo de situar a la educación como el motor del progreso del país. Finlandia invierte el 5,8% del PIB en educación. El sistema es obligatorio de los 7 a los 16 años, público y gratuito en todos los niveles desde que un niño nace hasta que lee la tesis doctoral en la Universidad, el Estado marca el 75% de las enseñanzas y el 25% restante lo organiza el centro con participación de las familias y los alumnos. Todos los docentes estudian una carrera de cinco años, un tercio de ellos con contenido pedagógico. La mayoría además tiene un master de un año más (gratuito). El profesorado goza de una buena valoración social y prestigio entre sus compatriotas y cuentan con la confianza de los padres. El paso de primaria a secundaria se hace por el sistema de adscripción, aunque los padres son libres para buscar otro centro. Los conflictos no son frecuentes pero, si eso ocurre, se pone en marcha un equipo de mediadores para resolverlo en sus fases de inicio. El profesor es el coordinador del equipo en el que entran un trabajador social, un médico, un enfermero y un alumno que recibe clases para tratar conflictos. Lo fundamental es la prevención y para ello dedican muchos recursos que reciben de la Administración. Y cuando los recursos ordinarios son insuficientes, el centro se dirige a las Administraciones en demanda de ayuda, que es analizada rápidamente y si se juzga necesaria, se concede inmediatamente. El número de alumnos/aula ronda los 20, pero en cuanto se detectan problemas académicos se organizan grupos de refuerzo que nunca superan los 10 alumnos. Si hay que repetir, se hace lo antes posible, mejor en Primaria que en Secundaria, mejor al principio que al final. Resumiendo, los finlandeses tienen un sistema educativo público que rueda con fluidez, tienen buenos maestros, familias que participan y dinero para afrontar las dificultades. Los profesores están notablemente satisfechos.

Es decir, es un sistema educativo ágil en el que las medidas de mejora se toman pensando en la educación. Aquí, las deficiencias estructurales cuesta mucho subsanarlas, la inversión en educación es baja en comparación con los países de nuestro entorno. Las diferencias entre las Comunidades Autónomas son demasiado evidentes sin que el MEC haya hecho sonar la alarma. A título de ejemplo, y con datos de la inversión por alumno y año en las distintas Comunidades Autónomas del año 2004, vemos que entre la que más invierte, País Vasco con 5.075 euros, y Baleares la que menos, 2.758 euros, la diferencia es de 2317 euros, casi el doble. No es extraño pues que se den las diferencias que se dan entre las Comunidades Autónomas y que ya anunciamos que en un futuro próximo serán tan escandalosas, si el MEC sigue haciendo dejación de sus responsabilidades, que será muy difícil ponerles remedio.

Por todo ello, CSI-CSIF sigue pensando que esto sólo se soluciona considerando la educación española una prioridad absoluta para lo que es imprescindible un Pacto de Estado que estabilice el sistema para un periodo mínimo de una generación y se tomen, entre otras, las siguientes medidas:

  1. Aumentar la dotación presupuestaria en educación. Las diferencias en este momento con la media de la OCDE son del 1,1% del PIB español, lo que significaría una inyección al sistema de más de diez mil millones de euros / año. Pero, ni siquiera con esto se alcanzaría la vieja meta del 6% que haría falta, como mínimo, otro medio punto porcentual del PIB.
  2. Hay que adoptar medidas que, de verdad, incrementen la calidad del sistema educativo. No sirven medidas pensadas únicamente para maquillar los resultados como la última "invención" del bachillerato a la carta, que van en dirección contraria o decisiones contrarias a la razón, como la de colocar los exámenes extraordinarios de la ESO en el mes de junio como hacen algunas comunidades autónomas.
  3. Pero, además, hay que poner inmediatamente en marcha una serie de medidas de tipo organizativo y pedagógico que mejoren de verdad la Educación Secundaria y el Bachillerato en la promoción, itinerarios, ratios, escolarización, refuerzo de las áreas instrumentales, distribución de la diversidad entre todos los centros sostenidos con fondos públicos, cumplimiento de la ley en todo el Estado para lo que es necesario contar con una Alta Inspección que asuma sus funciones, ...
  4. Hay que apostar por la escuela pública de verdad. La política seguida por todos los gobiernos de olvidarse de la escuela pública y potenciar las redes alternativas nos ha llevado a la situación actual. Deben de asumir ya de una vez por todas que de esta situación sólo nos sacará la escuela pública, pero para eso necesita los apoyos que ahora no tiene, y sobre todo, hay que evitar que se convierta en el elemento residual del sistema.
  5. Hay que apostar por el profesorado con la mejora de sus condiciones profesionales. Eliminación de la violencia de baja intensidad que se está convirtiendo en la causa principal de bajas del profesorado y contra la que no se toma ninguna medida efectiva, hay que dotar de autoridad al profesorado, mejorar sus condiciones económicas, es decir, viejas recetas para una mejora efectiva de la calidad y para recuperar el reconocimiento social de la educación y de la profesión docente. El fracaso del MEC en la negociación del Estatuto es muestra bien patente de la desidia del Ministerio de Educación para con el profesorado.

Ahora que estamos en periodo de confección de los programas electorales esperamos que los partidos, que van a concurrir a las mismas con opciones de gobierno, sean sensibles a este problema que afecta a toda la sociedad española y lo incluyan entre las prioridades de la próxima legislatura.

Madrid, 4 de diciembre de 2007

SECTOR NACIONAL DE ENSEÑANZA CSI-CSIF

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