A/A de Silvia Blanco
He leído con verdadero interés el adelanto que aparece en la edición de 15 de octubre de El País sobre el trabajo del Proyecto Atlántida sobre propuestas para intentar solucionar el grave problema de la convivencia en nuestro sistema educativo.
En CSI-CSIF concedemos al asunto máxima importancia dado que consideramos a la disrupción de la convivencia el problema más grave de la educación española. Por eso, el curso pasado desarrollamos un Pan Integral de Mejora de la Vida Educativa y Académica de los centros docentes que tuvo gran repercusión en la comunidad educativa.
Coincido en mucho en lo que se dice en el informe como por ejemplo que la indisciplina en el aula es un "taladro para la convivencia", que los casos graves de agresión son pocos afortunadamente, que es muy bueno y aconsejable hacer partícipes a los alumnos en la búsqueda de soluciones y que el refuerzo positivo que eleva la autoestima y añade estrategias de actuación en el alumno son tan aconsejables como necesarias para superar esta lacra que sufrimos en España y otros países.
Sin embargo, hay un aspecto de la información que tengo alguna reserva que ahora te comento. La visión que se da en el artículo, aún reconociendo el gran problema que supone la disrupción de la convivencia parece un tema que puede solucionarse "ente colegas". Las soluciones que se proponen pasan por: Pactar una norma ente el profesorado y los alumnos o reforzar los aspectos de la autoestima de los alumnos dando la impresión de tratarse de un problema no grave donde la responsabilidad se encuentra diluida entre profesor y alumnos por lo que hay que buscar la soluciones en un ambiente de "iguales" mediante el acuerdo.
Naturalmente, este tipo de soluciones se están desarrollando en la mayoría de nuestros centros y, si bien sirven para un número importante de casos, no son la solución para otros muchos donde las salidas requieren algo más de profundidad.
En un momento del reportaje se hace alusión a las disrupciones que sufre el profesor en medio de la explicación. Este es un asunto que todavía no ha requerido la atención de ninguna de nuestras Administraciones educativas porque no producen titulares en la primera página, ni alarma social y se suelen resolver, en la mayoría de los casos, con una falta de disciplina que se "añade" al expediente del alumno. Sin embargo, para el profesor, las faltas de respeto, las desobediencias, las descalificaciones personales o académicas, las mofas o insultos no graves, las risas contagiosas en medio de la clase, las conductas claramente desafiantes , las contestaciones jocosas o despreciativas, y otras muy variadas de este tipo, lo que nosotros denominamos baja conflictividad, son más generalizadas y ocurren prácticamente todos los días y en todos los centros de este país. Este tipo de hechos no suele trascender a pesar de, como digo, aparecer prácticamente en todos los centros educativos pues son de más difícil detección, tienen un tratamiento mucho más permisivo por parte de padres y de las administraciones, y, sin embargo, van socavando poco a poco la moral, la integridad psíquica y la motivación del profesorado.
No parece de la lectura del artículo que el asunto tenga la importancia y trascendencia que resaltan todos los informes recientes sobre el problema. A título de ejemplo, y sin ser muy exhaustivos, el Informe Reina Sofía (2005) resaltaba que el 75% de los alumnos han presenciado algún acto de violencia. Según SOS Bulling del 81% reconoce que falta el respeto a sus profesores alguna vez. Según la Fundación Hogar del Empleado (2005) el 73% de los alumnos faltan el respeto a los profesores, según estos mismos y, el 56% de los alumnos reconocen que no respetan la autoridad de los profesores. En el Informe del Defensor del Pueblo (2006) se resalta que en el 74% de los institutos se insulta a los profesores. Según la encuesta de CSI-CSIF (2006) el 86% del profesorado ha sufrido alguna falta de respeto alguna vez.
Como vemos todos estos informes, y otros que no cito, resaltan el gran problema que está siendo la disrupción de la convivencia en nuestros centros tanto en lo que significa el acoso entre alumnos, como en lo que se refiere a las agresiones al profesorado .Un alumno acosado o un profesor agredido entran en una espiral de desmotivación, inestabilidad psíquica, fobias, miedos, que pueden inhabilitarle a medio plazo para el ejercicio de la docencia o impedir al alumno una progresión normal en el aprendizaje. Por todo ello, me parece que cualquier banalización del tema es un flaco servicio que le hacemos al sistema educativo. Naturalmente esperaremos a conocer en su total extensión el informe que hoy se adelanta, pero ya te puedo decir que lo publicado ha hecho que muchos profesores nos hayan llamado precisamente para poner de manifiesto que cualquier relativización de este asunto será el mejor caldo de cultivo para su pervivencia en el tiempo.
Quedo a tu entera disposición para cualquier aclaración del contenido de este correo.
Saludos cordiales.
Eliseo Moreno
Presidente Nacional Sector Enseñanza CSI-CSIF