
JOSE RAMON GARRIDO GARCIA
Presidente del Sector Enseñanza
CSI-CSIF Alicante
La LOE cae en los mismos errores que la LOGSE corregidos y aumentados. El proyecto de regulación del Bachillerato es un claro ejemplo de ello.
Cuentan las crónicas que en una de las guerras médicas, mientras los persas se acercaban peligrosamente a Atenas, en el Ágora llevaban días discutiendo si las tropas griegas disponían de suficiente caballería. Harto de la interminable discusión, Cínico se dirigió a la asamblea, proponiendo como solución al problema, nombrar por decreto a todos los burros caballos.
Esta anécdota viene a colación del proyecto de bachillerato presentado recientemente por el Ministerio y que culmina la trayectoria iniciada hace ya más de quince años por la LOGSE. Con aquella Ley se instaló en las enseñanzas medias la promoción automática o semiautomática. Los alumnos sólo podía repetir en determinados cursos y además se les permitía pasar de curso con tres, o a veces cuatro asignaturas pendientes. Con frecuencia las más difíciles, o las materias instrumentales que comprometían el entendimiento de las demás. La conclusión es que cuando se quería poner remedio ya era tarde y sólo quedaba ir bajando y bajando los niveles
Aún con todo y con eso, los informes y valoraciones europeos reflejaban una cada vez menor preparación de nuestros alumnos, junto con uno de los mayores índices de abandono en las enseñanzas medias.
Solución del Ministerio de Educación: dar la posibilidad de que el mismo bachillerato que antes se cursaba normalmente en dos años, ahora se haga en tres. En eso y no en otra cosa consiste la reforma que permite pasar de primero a segundo con el 45% de las asignaturas pendientes, pudiendo matricularse junto a estás, de algunas nuevas del último curso. Es decir que en vez de atajar la raíz del problema, el Ministerio lo que hace es actuar sobre la estadística. Cual Cínico del siglo XXI sigue proponiendo nombrar a los burros caballos.
El problema surge a la hora de buscar trabajo. Ahí lo que cotiza son los conocimientos y no los títulos. De nada vale el aprobado de ingles si no se puede continuar la entrevista de trabajo en ingles, y eso reza para todas las materias.
Es en ese campo de batalla donde se desvela la vacuidad de los títulos. Como en los escenarios virtuales del cine o la televisión, no existe ni el escenario, ni el mapa del tiempo que vemos en la pantalla. Sólo un lienzo azul con apenas cuatro minúsculos puntos orientativos.
Ese alumno que se incorporó al nivel correspondiente a su edad cronológica y no al correspondiente a sus conocimientos, para que estuviera mejor adaptado. Ese joven que no pudo repetir el curso cuando estaba a tiempo de recuperar sus lagunas, antes de que se convirtieran en océanos. Ese adolescente feliz porque paso con las principales asignaturas pendientes. Aquel bachiller al que se le dieron tres o cuatro años de cómodos plazos para culminar su título. En fin, ese joven, alumno, adolescente y bachiller protegido contra el esfuerzo y el sacrificio, blindado contra la frustración, desconocedor del esfuerzo de superar las dificultades y de remontar los fracasos, se topa de golpe con la realidad laboral. Es entonces cuando se siente no sólo frustrado, sino engañado (y a veces furioso) por la vaciedad de su título.
Desde la perspectiva de una enseñanza pública de calidad como instrumento de la igualdad de oportunidades, el panorama no puede ser más desolador. El hundimiento de niveles llevará a la existencia de unas pocas universidades de reconocido prestigio- y probablemente onerosas matrículas- para los privilegiados de las élites dirigentes (Llamesé Harvard , Oxford o Deusto) y una gran mayoría de instituciones universitarias cuya titulación, en economía por ejemplo, no de para mas que para conserje de banco.
Así es como la LOGSE, ley socialista de educación, se ha convertido en el mejor instrumento para la instauración de una enseñanza clasista y discriminatoria, que perjudica claramente a los estamentos sociales menos favorecidos.
Cabía esperar que tras los resultados obtenidos, (Informe PISA , entre otros) se corrigiera la tendencia. Pero la LOE cae en los mismos errores que la LOGSE corregidos y aumentados. Y el proyecto de regulación del bachillerato es un claro ejemplo de ello.
Pedimos, una vez más, el consenso en las leyes educativas. No puede ser que el sectarismo sea el sentimiento que impulse la legislación en la enseñanza. Como no puede ser que el maquillaje estadístico sea la única respuesta al fracaso del sistema. ¿Qué tal si el gobierno empieza por consultar y escuchar a los maestros y profesores que están todos los días a pié de aula?