Algunos de los perfumes que regalamos en estos días tienen su origen en Babilonia. Allí, en el siglo XIII antes de Cristo, la química Tapputi-Belatekallim aplicó sus conocimientos a la elaboración de estos olorosos mejunjes.
Esta tal Taputti es sólo la primera mujer de la que existen referencias que dedicara todos sus esfuerzos al mundo de la ciencia. Ahora, la periodista y divulgadora científica María José Casado ha querido hacer justicia con el libro Las damas del laboratorio. En sus páginas ofrece un recorrido histórico por una decena de mujeres que, en los campos de la química, la física, las matemáticas y la geometría, han hecho progresar el mundo.
“El pasado de la ciencia está lleno de descubrimientos sorprendentes y espléndidas aportaciones que han hecho las científicas a la historia de la humanidad. Han sido mujeres que han investigado de forma brillante, apasionada y, en no pocos casos, autodidacta”, señala la autora. “Ellas han contribuido a cambiar el mundo y hacerlo más comprensible, aunque en muchos casos apenas se recuerden sus nombres”. En estas páginas, Casado se encarga de poner a cada uno en su sitio y recuerda sin tapujos cómo en algunos casos, en bastantes casos, “sus obras se extraviaron, quedaron en el anonimato o fueron incluidas en otras firmadas por un hombre”.
Quédate, que ya voy yo
Como leemos en Las damas del laboratorio, hubo quienes incluso se apropiaron de los avances de mujeres para ir con la cabeza bien alta a recoger el Nobel. Esto le sucedió a Lise Meitner, descubridora de la fisión nuclear y que vio cómo su colega Otto Hahn viajaba a Estocolmo a colgarse las medallas.
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