
Llanos de Nalda.
CSI-CSIF Enseñanza.
REFLEXIONES DE UNA MAESTRA DESPUÉS DE 20 AÑOS
El pasado mes de Julio hizo veinte años que aprobé las oposiciones al Cuerpo de Magisterio. Entre los motivos que me llevaron a preparar aquellas oposiciones en ningún momento estuvo el de tener un trabajo “para siempre” pues -quizá mi juventud- me impedía ver la importancia de la estabilidad laboral.
Deseaba ayudar a los niños de preescolar (así se llamaban) a que desarrollaran su personalidad de manera armónica e integral. Enseñarles a esforzarse desde el primer momento, a trabajar aun estando cansados, a mejorar día a día, a compararse y competir con ellos mismos, a ver la importancia de hacer las cosas bien, dejando los resultados como algo subsidiario... En fin, lograr que aflorasen en ellos, los valores innatos que todos tenemos.
En aquel año 1986 era una maestra motivada, que combinaba la docencia con el estudio de valencià. Al llegar a casa, me encontraba con la fascinación de poder ejercer de madre -la mejor profesión que existe- y cada día intentaba enseñar nuevas experiencias a l@s niñ@s de mi aula.
Cuando realicé la defensa oral de la programación que había preparado en el examen escrito –primera prueba de la oposición-, no tuve que demostrar que fuera una gran actriz experta en mimo o teatro de guiñol, ni una buena coleguilla para el futuro grupo de alumn@s que me aguardaba. En ningún momento confundí enseñar con distraer; aunque sí tenía claro que el aprendizaje es más eficaz cuando la actividad a realizar se presenta de manera lúdica. L@s maestr@s no debemos ser personajes rancios, con rictus de persona importante y sesuda... No obstante, tendremos muy claro que sin esfuerzo no hay aprendizaje, lo que debemos enseñar desde el principio si queremos ser honrados con los alumnos, lo contrario sería engañarles.
L@s maestr@s, lejos de buscar el aplauso, o la “buena fama” de ser personas “guay”, buscamos lo mejor para l@s alumn@s. Ponemos entusiasmo por conseguirlo, y en esa búsqueda de “lo mejor”, encontramos trabas tan importantes como la imposibilidad de elegir el horario del alumnado de acuerdo con sus padres. Queremos evitar impartirles las áreas curriculares por la tarde, cuando el nivel de fatiga mental alcanza niveles elevados, siendo éste el momento idóneo para la realización de actividades extraescolares.
Este problema, lejos de ser pedagógico, parece que es burocrático, puesto que en la Comunidad Valenciana, la legislación vigente, no permite autonomía a los Centros Educativos para poder elegir el tipo de Jornada escolar más conveniente.
Es por ello, que desde CSI-CSIF, sugerimos a la Consellería de Educación que estudie el modelo de Jornada existente en la mayoría de las Comunidades Autónomas, así como en el resto de Europa, sólo Grecia y Portugal siguen el vetusto modelo de la jornada partida.
Han pasado veinte años, y este modelo de Jornada en nuestra Comunidad, es el mismo que había en “Cuéntame”. Han pasado veinte años y llenamos las aulas de 1º de Infantil con veinticinco niños que en Septiembre tienen entre dos y tres años. Han pasado veinte años y los docentes seguimos sin tener catalogadas las enfermedades profesionales y cuando aparecen los temibles nódulos en las cuerdas vocales, sabemos que serán nuestros compañeros de trabajo y... nada más. Han pasado veinte años y desde CSI-CSIF nos preguntamos... ¿Es esto invertir en futuro?