Extractado Levante
El colegio de educación especial Profesor Sebastián Burgos, que atiende a alumnos de 3 a 21 años, situado en plena línea de playa entre Pinedo y El Saler, ha sido testigo de excepción desde hace 18 años de la erosión del entorno costero-litoral de las playas al sur del Puerto de Valencia.
Hoy el mar rompe a escasos metros de su valla. En días de temporal se inundan los accesos al centro y el agua llega a entrar en algunas aulas, lo que obliga Protección Civil y a los responsables de Educación a decidir la suspensión preventiva de las clases, en días de fuerte oleaje, circunstancia que se produce varias veces al año.
Pero no siempre ha sido así. El colegio se construyó en 1988 cerca de la playa de l'Arbre del Gos, separada de ella por grandes cordones dunares, que lo protegían de la acometida del mar. Los profesores más antiguos recuerdan que hacían excursiones a la playa a través de las dunas, que había que caminar trescientos o cuatrocientos metros. Entonces la distancia con el mar era segura y el entorno dunar se utilizaba como unidad didáctica.
Quince años después la regresión de la playa por el crecimiento del Puerto es un hecho. La protección dunar ha desaparecido, la línea de costa ha retrocedido 500 metros y el mar se ha tragado más de veinte millones de metros cúbicos de arena, como afirmaba en un artículo publicado en Levante-EMV en 2002 el catedrático de Puertos y Costas de la UPV, José Serra Peris.
Suspensión de clases
La suspensión de las clases en días de temporal marítimo afecta a los padres con trabajo fuera de casa, que se encuentran con un hijo al que atender; perjudica a los alumnos y pone a prueba a la dirección del centro que ha de buscar mecanismos rápidos para avisar a las familias, bien a través del personal que atiende el transporte escolar en la ruta del autobús, bien a través de llamadas telefónicas.
Actualmente, el centro está trabajando en la posibilidad de implantar un sistema ágil de mensajes por teléfono móvil que agilice a primera hora de la mañana está gestión.
La Asociación de Madres y Padres de Alumnos (Ampa), que preside Silvia Iglesias denuncia que «el centro lleva años en una situación de provisionalidad, cuya consecuencia es que nadie se ocupa de acondicionar sus accesos o de arreglar la explanada de entrada al colegio, que está llena de socavones, piedras y arena depositadas por el mar cuando la inunda con las crecidas, en días de temporal».
Iglesias cuenta que la situación del colegio se estudió hace tres años en una comisión mixta formada por la Generalitat, Ayuntamiento de Valencia y Jefatura de Costas creada para tratar los problemas generados por la regresión de la playa de Pinedo.
Se acordó la creación de un centro nuevo y entre tanto mantener operativo el colegio actual, acondicionando la zona para evitar los efectos de la crecida del mar. «Sin embargo -añade-, hoy estamos en el mismo punto, sigue habiendo inundaciones, los bomberos siguen viniendo a achicar agua y el colegio prometido aún no ha comenzado a construirse.
Además, la situación de provisionalidad paraliza el desarrollo de nuevas iniciativas que requieren reformas y que las instituciones no llevan a cabo porque el centro está condenado a desaparecer».
Compromiso del ayuntamiento
Por su parte, un portavoz de la concejalía de Educación del Ayuntamiento de Valencia que dirige Emilio del Toro, asegura que el consistorio atiende dos líneas de trabajo.
Por un lado, comunica la cesión a la Generalitat de una parcela municipal de 11.500 metros en el distrito de Jesús, entre las calles Rafael Lapesa Melgar y Alquería de Benimassot, donde se ubicará el nuevo colegio, cuyo proyecto se encuentra en proceso de subsanación técnica para su posterior licitación y ejecución.
Y una segunda línea en la que responsables de infraestructuras del ayuntamiento están estudiando soluciones para evitar las inundaciones en la explanada de acceso al colegio.
El pasado viernes, responsables de Educación y Ordenación Urbana del Ayuntamiento de Valencia se comprometieron con la dirección del centro a que las obras de mejora de la explanada comenzarán después de las fiestas de Fallas.
Las actuaciones en la zona consistirán en la elevación de la explanada, para evitar su efecto vaguada y que el agua no quede estancada. Asimismo, afirmaron que la orden de arreglar el problema de la explanada se ha de efectuar sin más dilación por las condiciones especiales del centro.
Autoría de las obras
Las peticiones de mejora de los accesos por parte del Ampa se han topado en los últimos años con la incertidumbre sobre quién debía ejecutar las obras.
De puertas para adentro la competencia era del Ayuntamiento de Valencia, pero de puertas para afuera surgían las dudas, al estar ubicado el centro en la demarcación de Costas (Ministerio de Medio Ambiente).
Desde la Jefatura de Dominio de Costas, Jaime Somalo, considera que «la adecuación, reparación o construcción de los accesos es responsabilidad del ayuntamiento, previa solicitud de permiso a Costas».
El mar engulle el colegio
Desde su construcción cerca del mar, el Sebastián Burgos ha disfrutado del rumor de las olas, del frescor de su brisa, del calor de su arena. Ha sido testigo de la evolución de las dunas, de la presencia de colonias nudistas, de la construcción y derribo de la escuela de estibadores de la que se salvó un enorme barco de hormigón, que se reformó con alguna intención de ocio, que no ha llegado a cuajar.
El centro ha crecido con alumnos de toda condición, pertenecientes a familias necesitadas o de influyentes dirigentes políticos, asumiendo el fracaso educativo de la integración en los espacios ordinarios.
Por él han pasado numerosos profesionales, sometidos a los vaivenes de un sistema que proclama la normalización, pero que no consigue aplicarla.
Veinte años de empeño en la educación especial, con el mar acercándose inexorablemente y que ya ha dictado su sentencia.
Derribo, protestas y compromisos
El colegio, legalmente construido a finales de los ochenta, ha asistido perplejo a la regresión de la playa. Año tras año el mar se le ha ido acercando, hasta el punto de que en la actualidad se encuentra a pie de playa situándose en la demarcación de Costas, que en 2003 urgió al ayuntamiento a solucionar el problema del colegio por el peligro que suponía la cercanía del mar.
De este modo, la Conselleria de Educación acordó ese año su derribo y la reubicación de alumnos y personal docente, lo que provocó una respuesta de rechazo por parte de estos y del Ampa del centro, disconformes con la dispersión de alumnos y profesores.
Así las cosas, el director general de centros docentes Herminio García, el concejal del Ayuntamiento de Valencia, Emilio del Toro y el jefe de la Demarcación de Costas del Ministerio de Medio Ambiente, Manuel Fernández se reunieron con los representantes de los padres de alumnos para informarles de la creación de un nuevo centro, a donde se trasladarían todos, evitando así la dispersión.
Al mismo tiempo, se comprometieron a garantizar que el colegio actual permanecería en activo hasta la construcción del nuevo. En esa reunión se informó de una parcela de 8.500 metros en el Camino de Moncada para el nuevo edificio, que no llegó a tener efecto por dificultades en el proceso de expropiación.