CSI-CSIF Castilla y León "La concertada y su mercenario"
 

LA CONCERTADA Y SU MERCENARIO 

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                Acompañada por un mercenario disfrazado de redactor salió la concertada poco ha de fin de semana, invirtiendo en las páginas del diario el dinero que le sobra de las subvenciones que a raudales le llegan de los impuestos de todos los españoles. Estamos en épocas de reforma y venta de lo educativo y ahora, como antes, la patronal de la privada aprovecha la oportunidad para dar una nueva vuelta de tuerca al enorme tornillo de sus ventajas: es momento de presionar al poder, luego hay que alarmar al ciudadano, hay que echar por tierra la enseñanza libre y de primer nivel que ofrecen los Centros Públicos, hay que mentir todo lo que se pueda, puesto que, también ahora como antes, el fin justifica ampliamente los medios.

 

            A la vez que se entrega nuestro dinero al diario a cambio de una doble página en día de lectura familiar y reposada, presume de “salir más barata en impuestos”, cuando lo que en verdad quiere decir es que “los centros concertados están libres de pagar impuestos al Estado”, luego para ellos más barato imposible; pregona que los profesores de la privada están “más” motivados, pero no dice que los lazos familiares, el amiguismo, el enchufismo y otras tendencias empresariales por el estilo no permitirán que se manifiesten rasgos de lo contrario, aunque la preparación académica sea inferior, escasa o nula; se quejan de sus sueldos, pero no dice nada de hacer miles de kilómetros, de vivir lejos de las familias, de estar pendiente durante media vida de los traslados que nunca llegan; anuncia que los alumnos que les llegan rebotados progresan adecuadamente en sus aulas, pero no dice que el alumno que llega rebotado a un concertado procede indiscutiblemente de otro concertado (luego, ¿qué enigma nos plantea con su atrevimiento?) y que cuando no hacen vida de alguno acaban desempolvando la fórmula mágica para que se vaya al público más cercano; alardea de que sus centros son gratuitos, y lo esgrime como razón para convencer de que son accesibles a todo tipo de alumnos, pero no explica por qué los más pobres, los inmigrantes, los de diversas minorías, los que más necesitan, siempre están en los centros públicos y nunca en los concertados.

 

            Ya más relajada y para empezar bien el fin de semana, la concertada reunió a los suyos en una de las sedes del tripartido leonés, para explicarles cómo cobrar a los padres 18 euros al mes para que sus hijos de Infantil reciban dos horas de inglés a la semana (18x150 alumnos = 2.700 x 10 meses = 27.000 euros –7.000 para el profesor y 20.000 para el centro-), cómo crear equipos de balonmano, fútbol sala, baloncesto o gimnasia rítmica que propagan el nombre y el emblema del centro por la ciudad, y luego exigir a sus componentes 58 euros al trimestre “por desgaste de patio” (58x180 alumnos = 10.440 x 3 = 31.330 –todo para el centro, ya que el monitor lo paga el Ayuntamiento-), cómo convencer a los padres para que paguen “voluntariamente” 18 euros al mes para gastos imprecisos (18x225 alumnos = 4.050 x 10 meses = 40.500 euros, que permitirán pintar el colegio cada año de arriba abajo). Pero –conociéndola como la conocemos- la concertada debió poner especial énfasis en enseñar a los suyos los ardides necesarios para convencer al padre del alumno extraño de que mejor  lo matricula en un centro público “con apoyos”, para aburrir hasta que se marche a aquel que no sigue al pie de la letra el ideario del centro, en fin, para evitar una sombra en su pureza racial y social; tampoco debió olvidarse de decirles cómo se hace un “lavado de fichas” antes de que los niños se lleven sus cuadernos a casa, no sea que los padres vean que no es oro todo lo que reluce; y no debió dejar en último plano una demostración práctica de cómo controlar el proceso electoral al Consejo Escolar –aunque sea a costa de impedir la votación- para evitar sorpresas democráticas de mal gusto.

 

            Ignoramos si les explicó a los suyos por qué no se construyen colegios públicos suficientes allí donde el crecimiento de la natalidad lo demanda –si no lo hizo no es porque lo ignore-, pero sí sabemos que alguien se quejó de que no se les permitía construir un colegio concertado en Eras de Renueva. ¿Qué se creerán los hipócritas? ¿Acaso ignoran que todos sabemos que las empresas privadas se construyen donde el capital las lleva? ¿A quién haría competencia un centro en Eras de Renueva, a los Colegios Públicos o a los concertados del entorno e incluso a aquellos que, estando más lejos del polígono, cuentan con transporte? Y, a propósito, ¿quién atiende el derecho a la elección de centro en La Cabrera, en los Ancares, en Laciana, en Babia, en Oseja de Sajambre, en Posada de Valdeón, en Riaño, y en otros tantos sitios? ¿Es que los alumnos de las zonas rurales no tienen los mismos derechos que los de las ciudades? Pues basta ya de memeces: el tan pregonado derecho del alumno a elegir centro público o concertado no es más que una sibilina máscara del “derecho” que los centros privados exigen a recibir dinero de las arcas públicas. Y lo demás son cuentos.                    

 

CSI-CSIF. SECTOR DE ENSEÑANZA. LEÓN



Fecha: 21 Feb 2005 - 12:00 AM

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