La presidenta de Ascamo, Carolina Rodríguez, estima que "no hay conciencia" sobre el acoso
Marta R. Román
Santa Cruz
Aislados, incomprendidos, deprimidos, ansiosos, sin salida y sin respuestas. Así se sienten las personas que sufren acoso moral en el ámbito laboral, un fenómeno que el Diccionario Real de la Academia Española define como "una práctica ejercida (...) especialmente en el ámbito laboral, consistente en un trato vejatorio y descalificador hacia una persona, con el fin de desestabilizarla psíquicamente". El doctor en Psicología pedagógica y ciencia médica de la Psiquiatría, Heinz Leimman, experto en mobbing -término inglés- considera que "es una violencia psicológica extrema, ejercida de forma sistemática y recurrente al menos una vez por semana y durante un tiempo igual o superior a seis meses, en el lugar de trabajo". La finalidad es "destruir las redes de comunicación de la víctima, su reputación, perturbar el ejercicio de sus labores y lograr finalmente que acabe abandonando su puesto". El profesor Iñaki Piñuel va más allá y habla de "tendencias psicopáticas en el hostigador" cuyo objetivo principal es "intimidar, apocar, reducir, aplanar, amedrentar y consumir emocional e intelectualmente a la víctima". En fin, un infierno vivido ocho horas al día.
Alternando definiciones con lecturas y vivencias, la presidenta de la Asociación Canaria contra el Mobbing (Ascamo), Carlota Rodríguez, afirma que el acoso moral es una forma de "psicoterrorismo" y asegura que sus presas tienen que recibir la misma terapia que se ofrece a las víctimas de un atentado. "Es un problema importane que no sólo sufre la víctima sino su entorno familiar y social. Tu círculo se quebranta", relata.
Desde hace poco más de un mes, Carlota, junto a otras cincuenta personas, ha puesto en marcha esta asociación que parece nacer bajo el lema la unión hace la fuerza. "Cada uno de nosotros seguía su lucha particular. No llegábamos a ningún lado y el desgaste era mayúsculo sin lograr resultados", afirma la presidenta. Por ello, "decidimos unirnos ya que como personas físicas no conseguíamos mucho, pero sí como personas jurídicas". No obstante, la vía jurídica es todavía un procedimiento poco extendido. Carlota Rodríguez asevera que "las cifras son ridículas".
Uno de cada 10.000 casos en España opta por denunciar a la empresa. En Canarias "no llegan ni a un 1% las personas que acuden a los juzgados", dice la responsable de Ascamo. Un número realmente bajo si tenemos en cuenta que, según una encuesta realizada por la Consejería de Sanidad del Ejecutivo autonómico en 2004, entre 17 y el 24% de los canarios ha sufrido acoso moral en su lugar de trabajo. En cualquier caso, parece que lo normal es intentar llegar a un acuerdo que garantice la percepción del salario por desempleo "porque en la vía judicial evidentemente dependes de un juez y hoy en día no están concienciados sobre lo que es el mobbing y sus consecuencias.
Invisibilidad
Una falta de conciencia que, al parecer, llega a todos los ámbitos y que a Carlota Rodríguez le cuesta entender porque "nadie está libre de que le pase". Es la invisibilidad del mobbing uno de los escollos que conlleva la dificultad de probar ante los tribunales los malos tratos que infringe el acosador. En ese sentido, en la página web www.actuar.org, ha nacido la campaña ’Hacer visible lo invisible’. Se trata de enviar cartas por correo certificado al ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, pidiendo la elaboración de un protocolo antimobbing de obligado cumplimiento, adjuntando las pruebas médicas.
Esas pruebas médicas son uno de los principales caballos de batalla. En ellos actualmente, según confirma Carlota Rodríguez, casi nunca pone mobbing o acoso laboral. Un ejemplo prototípico podría ser el diagnóstico de una víctima, obtenido en uno de los foros de debate sobre este asunto, que dice literalmente: "El paciente presentó inicialmente un cuadro de ansiedad moderado reactivo a situación laboral estresante que, dada la persistencia del factor estresante ha ido derivando a un trastorno mixto ansioso-depresivo al añadirse sintomatología depresiva, como señal de agotamiento físico y mental ante el estrés crónico mantenido durante años. La situación de estrés laboral crónico que vive el paciente está también afectando al desarrollo de su vida profesional, personal y de pareja".
Lo cierto es que los síntomas, también típicos, dan que pensar. "Palpitaciones, sudoración excesiva especialmente en las manos, tensión muscular con dolores asociados, pérdida de peso y sequedad de boca, inquietud, irritabilidad, trastorno del sueño, dificultades de concentración, preocupación y rumiación continuas referidas a temas laborales, con dificultad para desconectarse de estas preocupaciones fuera del trabajo". Hasta llegar a este punto, Carlota Rodríguez describe cómo "el acosador intoxica todos los canales y cuando la víctima acude a la empresa aparece como la causa del problema. El acosado se acaba culpabilizando, pensando si en realidad él o ella han propiciado la situación".
Sin apoyos
Instalados víctima y acosador en una dinámica desquiciante, la pregunta es cómo lo viven los de alrededor, las personas que de una manera u otra pueden hacer algo. La presidenta de Ascamo es clara al afirmar que "nos damos cuenta de que el desconocimiento es mayúsculo".
"Si te diriges a la Inspección de Trabajo, muchas veces el inspector no sabe cómo tiene que actuar. Hay muy buena predisposición, pero no tienen ni el personal ni los medios", cuenta Rodríguez. En el seno del trabajo, las salidas no son mucho mejores a juzgar por sus palabras. "Dentro de la empresa es difícil encontrar la objetividad, las mutuas también trabajan para ellas y los delegados sindicales tampoco dan respuestas a la víctima, quizás por ignorancia y por lo novedoso del tema".