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Lolo Silva, instantes después de presentar su
dimisión. Foto: El Correo de Andalucía.es (24 Sep 08) |
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¡Adiós, Lolo...!
El edil del Ayuntamiento de Sevilla don Francisco Manuel Silva Ardanuy,
“Lolo Silva” para todos, perteneciente a Izquierda Unida, ha dimitido. Pobre
hombre: ¡Cuánta injusticia volcada en su persona…!, como si él fuera el
culpable directo de las cosas que hacía o dejaba de hacer…. ¡Cuánta campaña
de desprestigio a su dignidad personal y a la del cargo que representaba….
¡Qué poco comprensivos han sido los que han querido ver despilfarros cuando
se trataba de importar cultura caribeña, irresponsabilidad cuando hubo sólo
un despiste tenístico, prepotencia cuando se estaban salvaguardando los
servicios municipales a costa de los derechos de los trabajadores por muy
comunista que se sea...! ¡Santo Dios…! (¡huy¡ --digo--, ¡ San Fidel...!)
Mire usted, querido Lolo, en lo único que lleva la razón, camarada, es en
que efectivamente ha habido una campaña en su contra. Rigurosamente cierto.
Pero claro, ese tipo de actuaciones pueden ser de dos clases. O burdas y
rastreras cuando se inventan, o deseables y beneficiosas cuando demuestran
lo irrefutable de unas pésimas gestiones, peores actuaciones,
incomprensibles actitudes y nulas aptitudes. Más aún si las consecuencias
de esa segunda clase de campañas culminan con la desaparición del mapa
político de personas como usted.
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La pena es que esos hechos que han motivado todo este embrollo no hayan
sido un invento; la pena es que usted no haya contestado con convencimientos
razonados a ninguna de las denuncias formuladas; la pena es que le hayan
dejado campar a sus anchas sus compañeros de viaje mirando para las
ventanillas del otro lado del tren; la pena es que lo hayan defendido con un
“ciego” corporativismo a todas luces rechazable desde el último hasta el
primer edil compinchado para asirse a la vara de mando gracias al apoyo de
su grupo político. La pena es en definitiva que no le hayan enderezado el
camino torcido emprendido por usted o que no le hayan enseñado amablemente
la portezuela de salida del tren en las primeras estaciones. Por eso también
es una pena que su irresponsabilidad haya sido compartida y que pareciera
usted una mezcla de héroe-víctima el día de su abandono y recibiera alguna
palmadita de consuelo. Es usted el mejor, don Lolo. Se tira a la cuneta con
el tren en marcha cuando éste parece que va a descarrilar.
La alegría es que en nuestra ciudad haya dejado usted de ejercer en un
cargo público. Nuestra ciudad, que es la de las personas, dicen, no se
merecía tanto atropello. Vaya usted con Dios que, en su caso, creo que está
en el paraíso caribeño. Pero páguese de su bolsillo el viaje y si es sólo de
ida pues mejor.
Una dimisión solicitada reiteradamente por CSI-CSIF |